domingo, 27 de septiembre de 2009

Un paseo en el 24





Doce y media del mediodía. Viernes. Ultimo día hábil de la semana, al menos para mí.

Avenida San Martín al 2400, a la espera del 24 para ir a San Telmo y cerrar una etapa laboral con alguna caminata en compañía de un compañero de laburo, rutina, nada nuevo.

Llego el colectivo, uno veinticinco, le digo al señor que esta al mando del volante.

Hasta ahí la normalidad reinaba y seguramente a medida que avance la lectura lo siga haciendo, pero hay un factor que me obliga a hacer hincapié en algunas cuestiones, no me dormí, lo que significa que no me pase de largo, después me perdí igual, pero ese es otro tema.

Conseguí asiento, cosa complicada si las hay, mas cuando te subís a un bondi a mitad de recorrido. Una fila después de la puerta del medio, del lado de la ventanilla. Quedaba un ángulo, que me permitía ver en el retrovisor, la cara del hombre que maniobraba la nave.

Aceleradas cortas, que intentaban atravesar un semáforo de un color verde ladrillo. Disgustado, clava los frenos con la misma ferocidad con la que impulsó al vehículo, a ocupar el primer lugar de la fila, en la espera de una verde luz, pendiente del brazo amarillo, que increíblemente, logra controlar el transito, en una ciudad donde algunas normas, solo ocupan unos renglones en papeles estériles, pero jamás, en la conciencia de la personas.

Con cara de exhausto, el ocupante del asiento mas importante de la unidad, aprieta el acelerador.

Corrientes al 2200. Algunos potenciales pasajeros, no se resignan y mantienen su brazo en alza, mientras el humo negro, les dice que deberán esperar el próximo colectivo.

En su larga lucha con el volante, se mete entre otros buses, como si estuviese al mando de un Fiat 600. Toca bocina, hace señas y hasta libera algún insulto, que sin dudas, tiene origen en alguna circunstancia muy ajena a su trabajo.

Casi no vi el obelisco, el hombre cruzó la 9 de Julio, como un peatón que avizora su futuro debajo de las ruedas de un vehiculo sino apura su paso.

Timbre. Señal que alguien quiere bajar. Tuve la atención tan centrada en el chofer, que las tres veces que gire la cabeza vi a personas diferentes a mi lado.

El tipo de lentes negros, frena la mole de casi treinta asientos, prácticamente en el medio de la Av. Roque Sáenz Peña. La gente que quería bajar, no entendía bien que hacer, si descendían debían hacerlo con cuidado. Con sus pies en el asfalto, un joven levanta la mano, para indicarle a otro colectivo que desacelere, así podria llegar al cordón, detrás de él, otros tres pasajeros y a unos metros, otros tres que, compartirían por una rato la odisea del 24.

Una vez mas, la insolencia del semáforo, le indica que debe frenar su hombría con forma de ómnibus, a quien hasta ahora, se había apoderado de cada calle que transitaba.

A su lado un colega, con una masculinidad de igual tamaño, pero de color azul, le hace una seña. Nuestro súper hombre, abre la puerta de ascenso y ante la pregunta clara de su par.

- ¿Que haces?

Responde -¡Con pelotudos hoy no hablo!! .

El hombre estaba decidido, no era un día para atender a otros y mucho menos para recibir cuestionamientos de ninguna tipo. Cerró la puerta y con la vista al frente, movía sus labios, balbuceaba, y sus manos acompañaban estos sonidos sordos, como quien intenta persuadir a otro mediante discursos.

Mientras mi compañera ocasional de viaje dormía, tomamos la calle Bolívar. En cuadras nomás debía bajarme.

Atento a la altura, pensaba en como despertar a la morocha que babeaba a mi lado.

Un simple – Con permiso-, alcanzó. Tono alto y casi con desprecio, por si se enojaba. De esa manera evitaría alguna reacción. En esta ciudad todos están a la espera de cruzarse con un loco, que conteste violentamente y mi contextura física ayuda a alimentar esos temores, por lo tanto, supuse que no debía preocuparme, era un chica y yo un supuesto enfermo, intolerante y violento, en un cuerpo de 1.85 de alto.

Me miro, y con un – Si, como no.- Giro su cuerpo para que pase.

Toque timbre, baje a metros de la intersección con Av. Independencia.

Saque los cigarrillos, mientras aquel colectivero avanzaba en esa función comunitaria, de transportar gente a lo largo de un extenso recorrido, por apenas unas monedas.

Un viaje más, uno como tantos, con la diferencia que en este, no me dormí.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Paul! buenisimo!... lo iba leyendo y me iba haciendo la pelicula en mi mente..hasta te imaginaba mirando con asco a la babosa que tenias al lado..

Felicidades por el nuevo blog!
originalisima la foto! jejeje..
( igual pensé que nave habia una sola...)

pablo dijo...

Gracias che!!Anonimo , acabas de estrenar los comentarios en el blog!!! felicitaciones tambien!.
Si es verdad , nave hay una sola , pero bueno, le voy a conceder ese honor a este colectivo.
Gracias.
Saludos.
Paul

Anónimo dijo...

jaja me extraña araña...soy anonima aca..
anoni ma..de nena..
no importa..para mi nave hay una sola! ( aunque tuve un intento de destrozarla en una oportunidad...pero eso no se comenta)

Paul dijo...

jjajjaaj bueno , pense que querias mantener en secreto tu identidad , por eso no deschave tu nombre.
JAjaja te acordas ?? casi queda barada la nave en un charco! jajaj pero salio salio , evidentemente tenia buena onda con vos.
jajjaja

Anónimo dijo...

jajaj shhH! que no se entere nadie quien soy! la proxima me avivo y cambio Anonimo por algun apodo mas divertido!

Anónimo dijo...

Paul muy bueno la verdad!!! lograste que mei magine lo que estabas viviendo. Lo que si te recomiendo es que eso de no prestar atencion a tu alrededor puede hacer que te bajes del bondi y te falte algo! jaajaj abrazo! PATO. BAHIA BLANCA